Seis torres de palabras guardan el nombre de un Rey, y ese nombre es arcano.
Escoge una torre y prueba en ella una palabra: las letras que de veras moren allí se encenderán en su sitio. Derriba la torre entera y te rendirá una letra de la corona.
Mas si tu ingenio alcanza, nombra al Rey de una vez: otro Rey ocupará el trono, guardado por un castillo más avaro —que primero te niega las piedras de gracia y luego las señas de las torres—. Tres tronos tiene la dinastía del día — conquístalos todos y la victoria es tuya.
Nueve cientos dineros lleva tu talego y veinte cuesta cada golpe. Tres nombres te concede la corte para adivinar al Rey: trescientos el primero, seiscientos el segundo, mil doscientos el tercero. Mas el Rey que las torres dejan expuesto se proclama solo y de balde, sin que hayas de nombrarlo; y gastados los tres, nombrar sigue abierto: cada nombre cuesta el doble del anterior.
Seis golpes da el primer castillo, y menos los más hondos: la torre rendida devuelve uno. Cuanto más velado el nombre al decirlo, mayor el botín.
No se admiten sino palabras de buena ley.